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APTN_Cofenat Mon, 15 Mar 2021 01:30:00 +0100

El sistema linfático

El sistema linfático
15 de marzo de 2021


El sistema linfático  drena líquidos, transporta grasas y ayuda en la respuesta inmunitaria ante una infección, sin embargo pese a cumplir funciones vitales muy importantes es uno de los grandes desconocidos, seguro que todos conocemos en mayor o menor medida como funciona el sistema circulatorio pero no asi como funciona nuestro sistema linfático, pues bien, hoy vamos a intentar despejar algunas incógnitas y a colocar a este sistema en la posición que por derecho le corresponde. 

El sistema linfático trabaja en paralelo a la red de vasos sanguíneos colaborando para su correcta circulación, se le conoce como un enorme sistema de “tuberías” por las cuales circula un líquido transparente llamado linfa.

Para esto el cuerpo posee estructuras de aproximadamente del tamaño de un garbanzo llamadas ganglios, que se posicionan formando una especie de ramo en determinadas zonas como ingles, cuello o axilas, pero el cuerpo también posee órganos específicos con funciones linfáticas como son el timo o el bazo.

Linfa

La linfa es un liquido de color transparente que circula por los vasos, está compuesta de un 90% de agua y un 10% por grasas, electrolitos, proteinas y celulas (linfocitos).

Este líquido se mueve circulando por el cuerpo de forma muy parecida a como sucede en el aparato circulatorio pero de forma mucho más lenta, va recogiendo partículas grandes que no pueden atravesar por las paredes venosas hacia el torrente sanguíneo limpiando nuestro organismo, pero también es capaz de detectar infecciones para que nuestro cuerpo fabrique células inmunitarias.




Los vasos  linfáticos

Son los  “tubos” por los cuales circula la linfa, como sucede con las venas y arterias del sistema circulatorio, solo que en este caso no dependen del corazón para su movilización ya que esta red linfática se encuentra dentro de nuestros tejidos y músculos, es a través de estos por lo que se mueven gracias a su contracción, de ahí que como decíamos anteriormente su velocidad sea mucho más lenta.

Seguro que muchos de nosotros alguna vez hemos sufrido un traumatismo que nos ha obligado a estar con una extremidad en reposo, ya sea vendada o escayolada, en esta situación habremos podido observar un claro ejemplo de su funcionamiento, ya que como esta extremidad se encuentra inmovil y con sus estructuras comprimidas muy posiblemente se nos haya producido una inflamación derivada de la retención de dichos líquidos linfáticos que han tenido dificultad para retornar, a esto se le conoce como linfedema.

Ganglios linfáticos

Son los nodos resultantes de la unión de muchos vasos linfáticos, encargados de filtrar y limpiar los residuos y de producir las células inmunitarias que atacan las infecciones, se suelen encontrar en determinadas zonas donde hay “huecos o pliegues” como el cuello, las ingles o axilas.

Normalmente debido a que su tamaño no es muy grande no son fáciles de palpar pero seguro que más de una vez nos hemos tocado  “bultos en la garganta” cuando hemos estado enfermos, esto es debido a que cuando nos encontramos ante una infección, nuestro cuerpo produce muchos más linfocitos para atacar, produciendo un aumento de su tamaño, haciendo más fácil la palpación de estos ganglios linfáticos que una vez superado dicho proceso suelen volver a su tamaño original.

¿Cómo se mueve la linfa?

Antes habíamos descrito de forma muy simple una de las formas por las cuales circula y es capaz de moverse este líquido tan peculiar, pero vamos a describir de forma más completa cómo funciona este mecanismo...




Contraccion muscular:

Como sucede con el  sistema venoso, la contracción muscular facilita el transporte de la linfa, aunque hay que señalar que determinadas actividades musculares muy extremas pueden dificultar el transporte de nutrientes a los tejidos, debido a la cantidad de residuo que se deriva del mismo, pero en líneas generales una actividad que genere movimiento también generará movimiento sobre nuestros vasos y líquido linfático. 

 
La contracción de los vasos linfáticos: 

 
Cuando los vasos linfáticos se llenan, estos se contraen produciendo que la linfa ascienda, a su vez , la contracción de las arterias próximas a estas estructuras también ayudan a que estos vasos se contraigan y la linfa retorne, pero es importante entender que este flujo tiene que trabajar con la resistencia ejercida por la gravedad y este sistema al ser menos potente que el circulatorio hace que su velocidad de retorno sea más lenta, siendo menos eficaz que su compañero, un ejemplo muy claro de cómo la gravedad afecta a su velocidad es donde se producen normalmente la retención de estos líquidos, como son las zonas más bajas del cuerpo como piernas y especialmente los tobillos ya que al ser las zonas más bajas la gravedad hace que estos líquidos bajen y frena su ascenso.


La respiración: 


Por último pero no por ello menos importante, los movimientos profundos que se producen en la respiración permiten ayudar a la circulación linfática ya que ejercen una acción de bombeo, es por esto que una vez más la actividad física es un factor determinante cuando hablamos de mejorar el sistema linfático.

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