Blog Terapias Naturales
El deporte y la salud mental: cuando el movimiento cura el alma
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Diciembre
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Noviembre
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- El deporte y la salud mental: cuando el movimiento cura el alma
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Octubre
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- Vicenç Fuster, naturópata, sobre cómo acabar con la náuseas del embarazo
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Septiembre
- El efecto de la aromaterapia sola o en combinación con masajes sobre la dismenorrea: una revisión sistemática y un metanálisis
- El uso de aceites esenciales y aromaterapia en el parto
- Plantas, moléculas y aromas: la aromaterapia al servicio de tu salud y bienestar
- Efecto de la manipulación osteopática de la articulación sacroilíaca frente a la electroterapia
- El efecto de la terapia de yoga en el síndrome premenstrual
- Beneficios de la Baicalina y sus usos en el organismo
- Musicoterapia: la técnica natural que facilita procesos terapéuticos a través de la música
- Terapias Naturales para un embarazo más saludable, sereno y sin efectos secundarios
- Naturopatia para infecciones pediátricas
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Julio
- La Acupuntura, una aliada clave para el rendimiento y la recuperación de los deportistas
- Vitamina B y Magnesio
- Liberación suboccipital osteopática
- El nuevo CNAE-2025 reconoce y visibiliza a las Terapias Naturales como actividad profesional
- Mecanismos farmacológicos por los cuales la baicalina mejora la enfermedad cardiovascular
- La Aromaterapia, el mejor aliado para evitar y combatir las picaduras de insectos este verano, según COFENAT
- Estudio de Neonatologa y Osteopatía
- Helicobacter pylori: un patógeno asociado a enfermedades extragástricas
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Junio
- La acupuntura sobre la depresión mayor: un ensayo clínico controlado, aleatorizado y multicéntrico
- Piernas cansadas: prevención y apoyo natural con fitoterapia
- Las terapias mente-cuerpo y arte impactan en pacientes con enfermedades crónicas
- Coenzima Q10, suplemento clave para generar energía celular
- El potencial de la medicina complementaria y alternativa para promover el bienestar y la salud
- El ejercicio y su efecto en el cerebro: un enfoque neurocientífico
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- Acupuntura para el dolor lumbar y/o pélvico durante el embarazo
- Aceites Esenciales: Beneficios y Usos
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Enero
- El Glutatión: Esencia de la Salud y su Rol en las Terapias Naturales
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Diciembre
APTN_Cofenat
Thu, 20 Nov 2025 00:30:00 +0100
Hace tiempo que, en consulta, me hacen la misma pregunta: “¿Por qué me siento tan bien después de nadar?”. Y siempre pienso que la respuesta es tan sencilla como profunda: el deporte no solo moldea el cuerpo, también reordena la cabeza.
A lo largo de los años, he visto transformaciones que ningún fármaco por sí solo consigue. Personas con ansiedad crónica que han encontrado un respiro saliendo a correr tres veces por semana; otras que, gracias al yoga, han recuperado un equilibrio que creían perdido. No es teoría: lo he visto, lo he acompañado y, muchas veces, me ha emocionado.
Por supuesto, las endorfinas ayudan, pero no son el único motivo. La actividad física actúa sobre la química cerebral, regula el ánimo y ofrece algo que la medicina no siempre da: un sentido de logro. Recuerdo a un hombre que llegó con una depresión moderada.
Empezamos con senderismo suave, dos horas a la semana, en rutas rodeadas de pinos y aire limpio. Tres meses después, había reducido su medicación. No fue solo la caminata: fue la naturaleza, el grupo que le esperaba cada sábado y la sensación de “lo he conseguido” al llegar al final del sendero. El deporte también cambia la forma en que nos vemos.
No hablo de abdominales marcados, sino de romper barreras mentales. Ese momento en el que pasas de pensar “no puedo” a descubrir que sí podías... aunque sea corriendo cinco minutos más que ayer. Con el tiempo, aprendes a tolerar la frustración, ese día en que no bates tu propio récord, y a improvisar cuando la vida, el clima o una lesión cambian los planes. Si alguien me pide consejo para empezar, suelo insistir en que busque su deporte, no el que esté de moda. A quien odia el gimnasio le invito a probar el baile, la escalada o simplemente salir a caminar mientras escucha su música favorita.
Una paciente con fibromialgia, por ejemplo, encontró alivio en la natación en agua templada; para ella fue como abrir una puerta que creía cerrada. Las metas también importan. A veces, cambiar un “quiero perder cinco kilos” por un “quiero sentirme ágil para jugar con mis hijos” marca toda la diferencia. Y empezar poco a poco (diez o quince minutos) es mucho más eficaz que lanzarse a lo grande y abandonar al segundo día. He visto cómo los deportes de equipo rescatan a personas que se sentían aisladas, cómo la disciplina de las artes marciales ayuda a quienes viven con ansiedad, o cómo el simple hecho de entrenar solo puede convertirse en un espacio íntimo de reflexión.
Un adolescente con TDAH me confesó que el kárate le enseñó a canalizar su energía: “Ahora me concentro en la clase, antes solo me movía sin parar”. Por eso, cuando digo que el ejercicio es un tratamiento, no exagero. Es la única receta que mejora cuerpo y mente a la vez, y sin efectos secundarios (más allá de las agujetas). Solo pongo una condición: tiene que disfrutarse. Si se convierte en castigo, pierde gran parte de su poder.
Así que aquí va mi propuesta: esta semana, busca una actividad que te saque una sonrisa, aunque parezca mínima. Puede ser bailar en tu salón, subir por las escaleras en vez de usar el ascensor o nadar diez largos sin prisa. Créeme: tu cerebro y tu yo del futuro te lo agradecerán.
Fuente:
Artículo patrocinado por COFENAT para la revista Bioecoactual, escrito por el Dr. Freddy Acevedo Ruiz, Espec. Medicina Integrativa, Nutrición Vegana y Doctor en Medicina Tradicional China y Acupuntura
www.cofenat.es
Fuente imágenes : Tagoya
20 de noviembre de 2025
Hace tiempo que, en consulta, me hacen la misma pregunta: “¿Por qué me siento tan bien después de nadar?”. Y siempre pienso que la respuesta es tan sencilla como profunda: el deporte no solo moldea el cuerpo, también reordena la cabeza.
A lo largo de los años, he visto transformaciones que ningún fármaco por sí solo consigue. Personas con ansiedad crónica que han encontrado un respiro saliendo a correr tres veces por semana; otras que, gracias al yoga, han recuperado un equilibrio que creían perdido. No es teoría: lo he visto, lo he acompañado y, muchas veces, me ha emocionado.
Por supuesto, las endorfinas ayudan, pero no son el único motivo. La actividad física actúa sobre la química cerebral, regula el ánimo y ofrece algo que la medicina no siempre da: un sentido de logro. Recuerdo a un hombre que llegó con una depresión moderada.
Empezamos con senderismo suave, dos horas a la semana, en rutas rodeadas de pinos y aire limpio. Tres meses después, había reducido su medicación. No fue solo la caminata: fue la naturaleza, el grupo que le esperaba cada sábado y la sensación de “lo he conseguido” al llegar al final del sendero. El deporte también cambia la forma en que nos vemos.
No hablo de abdominales marcados, sino de romper barreras mentales. Ese momento en el que pasas de pensar “no puedo” a descubrir que sí podías... aunque sea corriendo cinco minutos más que ayer. Con el tiempo, aprendes a tolerar la frustración, ese día en que no bates tu propio récord, y a improvisar cuando la vida, el clima o una lesión cambian los planes. Si alguien me pide consejo para empezar, suelo insistir en que busque su deporte, no el que esté de moda. A quien odia el gimnasio le invito a probar el baile, la escalada o simplemente salir a caminar mientras escucha su música favorita.
Una paciente con fibromialgia, por ejemplo, encontró alivio en la natación en agua templada; para ella fue como abrir una puerta que creía cerrada. Las metas también importan. A veces, cambiar un “quiero perder cinco kilos” por un “quiero sentirme ágil para jugar con mis hijos” marca toda la diferencia. Y empezar poco a poco (diez o quince minutos) es mucho más eficaz que lanzarse a lo grande y abandonar al segundo día. He visto cómo los deportes de equipo rescatan a personas que se sentían aisladas, cómo la disciplina de las artes marciales ayuda a quienes viven con ansiedad, o cómo el simple hecho de entrenar solo puede convertirse en un espacio íntimo de reflexión.
Un adolescente con TDAH me confesó que el kárate le enseñó a canalizar su energía: “Ahora me concentro en la clase, antes solo me movía sin parar”. Por eso, cuando digo que el ejercicio es un tratamiento, no exagero. Es la única receta que mejora cuerpo y mente a la vez, y sin efectos secundarios (más allá de las agujetas). Solo pongo una condición: tiene que disfrutarse. Si se convierte en castigo, pierde gran parte de su poder.
Así que aquí va mi propuesta: esta semana, busca una actividad que te saque una sonrisa, aunque parezca mínima. Puede ser bailar en tu salón, subir por las escaleras en vez de usar el ascensor o nadar diez largos sin prisa. Créeme: tu cerebro y tu yo del futuro te lo agradecerán.
Fuente:
Artículo patrocinado por COFENAT para la revista Bioecoactual, escrito por el Dr. Freddy Acevedo Ruiz, Espec. Medicina Integrativa, Nutrición Vegana y Doctor en Medicina Tradicional China y Acupuntura
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Fuente imágenes : Tagoya
Deporte, salud mental, Terapias Naturales, Usoterapiasnaturales, Cofenat, Medicina Natural, Medicina integrativa, Medicina Holistica, Salud, salud natural